sábado, 5 de octubre de 2013

Era rara.

1 comentario:
 
  Era  rara.
  Seguramente la mitad de la gente que la conoce, no la conociera. 
  Le gusta escribir y hablar a montones. En días lluviosos, soleados, cuando está debajo del agua o en medio de un atasco con los coches pitando una y otra vez ahogando su voz en un murmullo que nadie logra siquiera oír. Pero le da igual. Le encanta hablar.
  Te hablará de cualquier chorrada, si hay un perro en la calle de enfrente te lo contará, y al segundo siguiente ya te estará narrando alguna historieta suya de pequeña en su triciclo azul y rojo.
  Pero cuando es hablar sobre ella, se guarda muchos secretos. Y los pequeños detalles se le olvidan. Pequeños detalles que pueden ser insignificantes, tan estúpidos como escupir al cielo o estar molesto porque llueva cuando estas nadando en el mar. Pero también los hay importantes. Pequeñas pistas que te dicen como es, que te muestran a la persona tan adentro que llegas a su corazón, a la última capa, misterio resuelto.
  Luego se acuerda de que no escribió esa pista sobre ella, que no te lo contó, e impotente tiene que dejar que los demás piensen que es la chica más rara que han conocido en su vida. 
  Porque, claro, no va a meterlo apretujado entre frases convirtiéndolo todo en un sin sentido estratosférico.
  -Adiós, un placer conocerte. Me gustan los plátanos maduros. Ya nos veremos mañana. A veces, en otoño guardo las hojas que caen de los árboles color tierra y las enmarco, como hacía mi abuelo.
  Extraño, ¿verdad?

miércoles, 2 de octubre de 2013

Carta número 14: Vuelta y vuelta.

No hay comentarios:

  Vuelta a los estudios, al no salir para estudiar, y a la más cercana venida del inverno con cada día que pasa. Y que no falten los madrugones para volver a las clases, donde esperaba verte, pero no te vi.
  Soy la persona más vaga que conocerás en tu vida. Tengo un espacio reservado de mi odio natural, ese que está a la izquierda de mi corazón en un pequeño pero congelado y negro huequecillo, hacia el pi-pi-pi de mi despertador y al momento en el que estás tan calentito en tu cama en brazos de Morfeo y te arrancan las sábanas seguido de un: "¡a levantarse!"
  Pero adoro la lluvia cuando no me aliso el pelo, el caminar bajo la lluvia con una sonrisa, empaparte y que no te pueda importar menos el que dirán. Amo los días grises y fríos en los que arrebujarme en mis jerséis y más si en vez de ser ropa son tus brazos los que me cobijaban del despiadado frío norteño. 
  Pero no estás.
  Llevo ya dos semanas sin verte, no digo que hayan sido insoportables, no señor, no soy una de esas crías totalmente dependientes ya no de su novio, sino del chico que les gusta. Pero decir que no me he fijado en tu ausencia sería mentir como una bellaca.
  No puedo preguntar a nadie que es de ti, eres mi pequeño secreto. Como cuándo estoy triste y me zampo entre pecho y espalda bombón tras bombón; lo mismito: un efímero placer al que le sigue la llegada del tan típico "oh, ¿pero que he hecho?".
  Y a pesar de sabérmelo de carrerilla cada mirada de reojo a mi alrededor es por y para ti.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Carta número 13: Huellas en la arena.

2 comentarios:
Es un día gris y la playa está vacía, lo único que se oye es el sonido de las olas al romper, aunque, bueno, vacía la playa no está. Esta ella. Sola. Paseando por la orilla del mar sumida en sus pensamientos mientras las olas le salpican los pies y la arena se hunde con cada paso dejando una pequeña huella hasta que la siguiente ola la borra.
Ojalá todo fuera tan fácil de borrar como eso. Una simple ola y adiós a todos los problemas, a todas las lágrimas, que se las lleva el mar hasta el olvido. Pero no es tan fácil, sino ella no estaría aquí.
En su mano derecha sostiene su móvil que está vibrando a lo que ella lo ignora deliberadamente, en la izquierda, la carta.
Esa carta que no sirve para nada, que lo mejor que puede hacer con ella es no hacer nada. Esa carta que cuenta los sentimientos hacia su mejor amigo de toda la vida. Esa maldita carta que ayer decidió en un ataque de sinceridad escribir para dársela hoy ya que ella era demasiado tímida como para decírselo en persona.
Él la cogería con las cejas arqueadas a modo de preguntas, y ella, tan tímida como siempre, simplemente se iría diciéndole que la leyera en casa. Pero él no le haría caso, nunca lo hace. La leería mientras ella vuelve a su casa y al terminar la alcanzaría y... ¿y qué? ¿le diría que el siente lo mismo y comerían perdices? Sandeces. 
La realidad de lo que pasó fue que ella realmente quería hacer eso, tenía la tonta esperanza de que sus fantasías se cumplieran pero solo son eso, fantasías.
Lo que en realidad pasó fue que ella, carta en mano, se le acercó cuando le vio en la calle donde habían quedado. Se fijó en su mano derecha y vería en ella un pequeño papel de color amarillo. Ya llevaban seis meses sin verse cuando ella decidió cortar todo lazo con el a causa de que ya no podía más quererle y no estar con él, y ese día le dijo de quedar para tomar algo a lo que el sorprendentemente aceptó.
Y le dio el papel amarillo.
La invitación a su boda. 

Ahora ella estaba en la playa, sentada en la arena con los dos papeles. Cualquiera que la viera de lejos con los dos papeles en las manos pensaría que no son más que eso, papeles inútiles. Pero eran las dos cosas más importantes para ella en este momento.
Las cogió con las manos y las tiró al mar, y tal y como esperaba ella, al igual que con sus huellas, los papeles desaparecieron con la misma facilidad que si de una huella se tratase.

martes, 17 de septiembre de 2013

Carta número 12: Nuestra despedida.

No hay comentarios:
   -¿Volver? ¿De verdad quieres volver conmigo? Ojalá te pudieras imaginar siquiera la de veces que me imaginé esas palabras salir de tu boca. La de veces en las que me mirabas a los ojos y me pedías perdón como acabas de hacer ahora. Un millón o tal vez dos de veces. Contigo pasé los mejores momentos de mi vida. Fuiste el primero en muchas cosas, y esos momentos los llevaré siempre en mi corazón. Una pequeña esquina de el tiene tu nombre ya tatuado de lo tanto que te quise y te quiero. Pero ya han pasado seis meses. Seis meses en los que aunque parezca mentira conseguí madurar y darme cuenta que estar día y noche pensando en ti y en nuestras peleas no era lo normal. Que el amor no es una guerra continua, y lo nuestro era la mismísima Tercera Guerra Mundial. No se si voy a poder encontrar a alguien como tú. Ni si quiera estoy segura de lo que estoy diciendo ahora mismo, seguramente en cinco minutos este dándome cabezazos contra la pared por haber perdido mi ultima oportunidad. O tal vez no. Tal vez me de cuenta que hice lo correcto. Que estoy haciendo lo correcto. Porque puede que no haya otro como tú, puede que solo haya peores o mejores. ¿Quien sabe? La vida da mil y una vueltas, y cuando crees que ya ha parado de girar es solo para cambiar de sentido. Pero ahora estoy segura de que no quiero estropear los recuerdos bonitos que he tenido contigo. Porque esto solo serviría para mancillarlos, para que solo me quedase con nuestras peleas que volverían con las pilas cargadas a causa de esta tan larga ausencia. Y no pienso permitirlo. Te quiero, y prefiero no tenerte y quererte con el cariño que ahora te tengo, que amarte hasta la medula para que nos rompamos el corazón mutuamente y que todos los momentos pasen de inolvidables a amargos. Adiós.

Lo de siempre.

No hay comentarios:
Que te mire de reojo más de una vez 
e ilusionarte como una tonta.